La Ciudad de Matanzas

Ubicación de la ciudad de Matanzas en la Isla de Cuba.Ubicación de Matanzas en la Isla de Cuba.

Descubrimiento y Conquista

Autor: Alfredo Martínez

La ciudad de Matanzas fundada el 12 de octubre de 1693 y, capital de la provincia de su mismo nombre, se encuentra en la región occidental de Cuba, posee un área de 11 802,5 km ² y por extensión se ubica en el segundo lugar entre las 15 y el Municipio Especial que conforman el país.

Mapa Fundacional de la ciudad de Matanzas Mapa Fundacional de Matanzas

También conocida como la Atenas de Cuba, ciudad de poetas y ríos, con solo evocar su pasado se exacerba el dualismo lingüístico, donde el alma embelesada por sus encantos, e incitada a la poesía, se confunde con la confesión de un comienzo cargado de lutos y rebeldía.

Antes fue la Yucayo y su bahía la de Guanima para los aborígenes, sus primeros fundadores, hoy durmiendo bajo el casco histórico de la nueva urbe, ubicada por varios historiadores en la zona del teatro Sauto, ¿Quién sabe? y quizás donde se rinde culto a las artes en el presente, se bailaba en areitos ayer.

Nos llegan los hechos acaecidos (1509 - 1510), y de los cuales la presente ciudad heredó su nombre, por Fray Bartolomé de las Casas, en su Historia de Indias, donde cuenta:

…que los indios tenían entre sí dos mujeres españolas y un hombre español cristiano, y porque quizá de miedo no los matasen, no aguardó el padre a llegar allí, sino proveyó luego indios con papeles viejos, como se dijo, por cartas, enviándoles a decir que luego, vistas aquellas cartas, le enviasen las mujeres y aquel cristiano; si no, que se enojaría mucho si en hacerlo tardasen.

…vese venir una canoa esquifada de indios remadores, y viene a desembarcar junto a la posada del padre que estaba bien dentro del agua, en la cual venían las dos mujeres, desnudas, en cueros, como las parieron sus madres; la una, era de hasta cuarenta años, y la otra, de obra de diez y ocho o veinte, cuando más.

Contáronnos cómo los indios habían muerto a ciertos españoles, con quien ellas venían en aquel puerto, que por este caso se llamó a lo que creo, de Matanzas, el cual es un pedazo de mar; y queriendo pasar los españoles a la otra parte, metiéronse con los indios en ciertas canoas, y en medio del lago anegáronlas; y como sabían pocos nadar, se ahogaron, y con los remos los ayudaron a salir desta vida. Solas estas dos mujeres, por ser mujeres conservaron; siete españoles que supieron nadar salieron a tierra nadando, con sus espadas, que nunca desampararon, y salidos del agua, fueron a un pueblo, y el cacique o señor del díjoles que dejasen las espadas; dejadas, luego, de un grande árbol que se llama ceíba, la i luenga, los mandó ahorcar; bien debía de saber cuanto daño solían hacer en los cuerpos desnudos las espadas.

En abril de 1514, Diego Velázquez en su carta de relación al Rey, confirma también lo sucedido, mencionando al cacique Guayacayex como uno de los autores del hecho, quién a pesar de su probada culpabilidad, acoge a Velázquez y sus huestes durante más de una semana. Posteriormente, Habaguanex, poderoso cacique, entrega a García Mexia, el tercer prisionero mencionado por Las Casas.

Bernal Díaz del Castillo, en 1568, publica en su libro Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España otro recuento de los hechos, donde debe notarse la errónea afirmación: "que no quedaron sino tres hombres y una mujer", lo cual contradicen Velázquez y De Las Casas, quiénes habiendo participado directamente en los hechos mencionan a dos mujeres y un hombre. El nombre y apellidos de este último, Gonzalo Mejía, si coincide, en los tres relatos. A continuación un extracto:

"...Aquel nombre se le pusó por esto que diré: Que antes que aquella isla de Cuba se conquistase, dio al través un navío en aquella costa, cerca del río y puerto que he dicho que se dice de Matanzas, venían en el navío sobre treinta personas españoles y dos mujeres, y para pasarlos de la otra parte del río, porque es muy grande y caudaloso, vinieron muchos indios de la Habana y de otros pueblos con intención de matarlos; y de que no se atrevieron a darles guerra en tierra, con buenas palabras y halagos les dijeron que los querían pasar en canoas y llevarlos a sus pueblos para darles de comer. Ya que iban con ellos a medio río en las canoas, las transtornaron y mataron que no quedaron sino tres hombres y una mujer, que era hermosa, y la llevó un cacique de los que hicieron aquella traición; y los tres españoles repartieron entre sí. Y a esta causa se puso aquel nombre puerto de Matanzas. Yo conocí a la mujer, que después de ganada la isla de Cuba se quitó al cacique de poder de quien estaba, y la vi casada en la misma isla de Cuba, en una villa que se dice la Trinidad, con un vecino de ella que se decía Pedro Sánchez Farfán. Y también conocí a los tres españoles, que se decía el uno Gonzalo Mejía y era hombre anciano, natural de Jerez, y el otro se llamaba Juan De Santiesteban, y era mancebo, natural de Madrigal, y el otro se decía Cascorro, hombre de la mar, natural de Moguer...."

Don Juan de Grijalva Don Juan de Grijalva

Velázquez, De Las Casas, y Díaz del Castillo dan aval de veracidad en sus relatos, al origen del nombre de la ciudad, restándole credibilidad a otro menos glorioso en el cual Juan de Grijalva de paso hacia el imperio azteca se aprovisionaba de casabe y carne de cerdo, matanza de estos cuadrúpedos, supuestamente originaria del sobrenombre, que lleva desde el siglo XVI.

En 1628 se convierte de nuevo en noticia, cuando ocurre un hecho que hizo tambalear el poder de España: La Captura de la Flota en la rada Matancera, llevada esta empresa a feliz término por Piet Heyn, un Holandés al cual hoy se le honora con una estatua frente a la bahía, condenado eternamente a atisbar el mar azul, quizás a la espera de otro galeón que lo llene de gloria.

Con el afán de evitar nuevas tragedias, el 25 de septiembre de 1690, Carlos II ordena por real cédula al Capitán General de la Isla, en ese momento Don Severino de Manzaneda, la fundación de la ciudad de Matanzas. Hecho que se cumple en 1693, año en que fue autorizada por Manzaneda, el Contador Don Bartolomé de Ariola, el Tesorero Don Juan de Arriate y el Alférez Don Juan de Uribe Ozeta.

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