Cafetal La Dionisia

Casa Vivienda del Antiguo Cafetal La Dionisia en Matanzas Cuba

La Dionisia: una plantación cafetalera del siglo XIX.

Autor: Odlanyer Hernández de Lara. Enero/2011

Las consecuencias de la revolución francesa se sufrieron sin demora en la otra parte del océano Atlántico. Las colonias galas en el Caribe comenzaron a sufrir la efervescencia de las ideas revolucionarias que pronto se hicieron eco en el actual territorio de Haití. Estos acontecimientos conllevaron a que considerables montos de franceses emigraran hacia otras tierras en busca de suelos fértiles donde aplicar los conocimientos adquiridos en el mejoramiento de las producciones agrícolas, con especial interés en el cultivo del café.

La isla de Cuba constituyó uno de los destinos elegidos para establecer sus nuevas moradas, especialmente las zonas montañosas del oriente y el occidente del país, donde rápidamente comenzó a intensificarse la implementación de nuevas plantaciones destinadas a la siembra de café. La decaída de Haití como principal proveedor del agraciado grano, entre otros factores, implicó un repentino aumento de los precios que impulsaría drásticamente la densidad de plantaciones cafetaleras, ya no solamente en las colinas, sino en todo trozo de tierra cultivable. Los censos de población de la primera mitad del siglo XIX muestran cómo las industrias se multiplicaban sobremanera, contándose en 1774 solamente tres lugares y luego en 1827 ya existían 2067.

Vestigios de los barracones, habitación para los esclavos.
Vestigios de los barracones

Desde el último cuarto del siglo XVIII varias familias habían escogido las zonas de La Habana y Matanzas para asentarse y erigir sus plantaciones en las cercanías de estas urbes. En ese caso se encontraba el matrimonio de Don Francisco Rouviere Duran, natural de la ciudad de Marsella, y Doña Dionisia Giraud Le Riech, natural de París, que se asentó en la ciudad yumurina.

El tres de febrero de 1818 Rouviere compra ocho caballerías de tierra en la zona de Canímar, en las afueras de la ciudad de Matanzas, donde se construye posteriormente la plantación cafetalera denominada, en honor a su esposa, La Dionisia. La fundación del cafetal se ha ubicado hipotéticamente hacia 1820, ya que para entonces se establecía un plazo aproximado de dos años para la construcción del inmobiliario necesario para la fábrica. Lo cierto es que las búsquedas realizadas en los archivos históricos no han aportado hasta el momento ese detalle, aunque sí se conoce el primer bautismo de una esclava en el lugar, fechado para el 17 de julio de 1822 y asentado en la Parroquia San Carlos Borromeo de Matanzas.

La finca estaba ubicada a un lateral del Camino Real, también conocido como Camino del Bongo, embarcación utilizada para cruzar las aguas del río Canímar. Este cruce era harto conocido precisamente por el trasiego de mercancías que tenían como destino el puerto de Matanzas, por lo que la cercanía al río traía ciertos privilegios.

En el lugar se construyeron varias estructuras en función de las necesidades de producción, que en su mayoría aún se conservan con mayor o menor grado de deterioro. El espacio más destacado en este sentido es la casa de vivienda, utilizada por los propietarios en sus visitas a la plantación. En el patio todavía se pueden observar las dependencias que albergaron a los esclavos domésticos, así como lo que debió ser la cocina y un horno de pan. Frente a la casa se encuentra el basamento de lo que fueran los secaderos de café y a la izquierda de estos el almacén y otras dos estructuras que se han asociado a la enfermería y a los apareamientos forzosos, costumbre que tenía como objetivo principal disminuir los gastos en la compra de mano de obra, por lo que forzaban la reproducción de los seleccionados como sementales para aumentar la población esclava. Los nacidos de estas relaciones eran cuidados en espacios que se denominaron criadero de criollitos, uno de los lugares que parece estar representado en La Dionisia a la derecha de los secaderos, donde también se encuentra una noria y el pozo con varios depósitos de agua asociados.

Noria para sacar agua del pozo, el movimiento se consigue utilizando tracción animal.
Noria, máquina hidráulica utilizada para extraer agua

La noria es otro de los lugares que despierta gran interés por la conservación que presenta, aunque lo más significativo quizás es que todavía se utiliza como antaño, por tracción animal guiada por el morador actual de la finca. En un punto de apoyo se basa el eje central que sostiene una rueda de madera donde se van enrollando las cuerdas que, roldana mediante, van sacando el agua del profundo pozo.

Un poco más alejado existió el barracón de los esclavos comunes, del que se tiene referencia por la tradición oral, que fuera destruido en la década del setenta cuando se llevaba a cabo la construcción del tendido eléctrico de alta tensión. La ubicación de una de las torres que sostiene los cables donde se hallaba el barracón fue suficiente motivo como para demoler un patrimonio que había perdurado a las inclemencias del tiempo por más de un siglo. Destino semejante sufrió el horno de cal, del que aún existen algún que otro fragmento de muro resguardado por un desnivel natural en el suelo cársico al fondo de la casa. La caída de una vaca en su interior provocó que se demoliera gran parte de la estructura para rescatarla.

En este contexto tan peculiar, a principios del año 2006, se decide realizar un proyecto arqueológico con el objetivo de rescatar parte de la cultura material de la plantación cafetalera. Las excavaciones fueron previstas en cuatro lugares: en torno a una gran Ceiba en la que era posible la presencia de ofrendas por las tradiciones afrocubanas del culto a este árbol, en el patio de la casa de vivienda, en la posible ubicación del campanario y en el área del barracón.

Recipiente Farmacéutico L. Pautauberge, para el tratamiento de affecciones pulmonares.
Recipiente Farmacéutico de vidrio L. Pautauberge.

A la par de los trabajos de excavación, se exploraron las inmediaciones del lugar en busca de posibles evidencias que pudieran aparecer en superficie, lo que brindó un importante monto de piezas vinculadas a la vida de la plantación. Entre ellas aparecieron algunos grilletes, azadones, ollas de hierro, contenedores de vidrio destinados al consumo de vino, frascos de medicamentos, contenedores de cerveza fabricados en gres, entre muchos otros. En algunos casos, las evidencias pudieron ser datadas por las formas de fabricación o bien por la identificación de las fábricas y las marcas.

Uno de los espacios de mayor relevancia que develaron las excavaciones lo constituye el basamento original de la estructura del campanario. En un espacio entre el criadero de criollitos y la casa de vivienda, se encontraron los cimientos de los muros con enlucido en el exterior y dentro del espacio que estos delimitaban apareció un apisonado de cal alrededor de una huella de poste de aproximadamente 50cm de profundidad, en la que se pudo observar los restos de madera correspondientes al mástil que otrora sostuvo la campana de La Dionisia. Este lugar era de gran significado dentro de las plantaciones por cumplir la función de reunir a la dotación de esclavos y anunciar el inicio y fin de las labores.

La excavación realizada en torno a la Ceiba no aportó información alguna respecto a posibles ofrendas de los esclavos, aunque sí se hallaron más de una veintena de monedas que están vinculadas a la continuidad de estas tradiciones religiosas. La Ceiba es el árbol sagrado por excelencia donde se ofrecen ofrendas a los Orishas, entre las que son comunes encontrar centavos antiguos y otros elementos biodegradables que no deben haber soportado las variaciones climáticas del trópico.

La presencia de ciertas evidencias arqueológicas ha permitido establecer algunas hipótesis de consumo y comercio entre los esclavos, probablemente con esclavos y comerciantes fuera de la plantación, cuestión que además ha sido registrada en los diarios de los viajeros del siglo XIX. La presencia de bebidas alcohólicas en espacios habitados por esclavos es un ejemplo contundente de esta actividad de comercio que parece haber transgredido las limitantes impuestas por los esclavistas.

En la actualidad, La Dionisia es utilizada como destino turístico y, lamentablemente, no se toman todas las precauciones necesarias para conservar este importante exponente del patrimonio cubano, unas veces por la ignorancia evidente que se sufre al no contar con especialistas que aporten el conocimiento preciso y otras veces por la incompetencia acompañada de la predominación de intereses económicos en detrimento de la historia y el patrimonio. No obstante, existen quienes aún persisten en la recuperación y restauración de este monumento para que otras generaciones puedan apreciar los remanentes de una cultura que coadyuvó en la conformación de la identidad cubana.

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